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NUESTRAS CREENCIAS Y CONVICCIONES
Creemos que las Sagradas Escrituras, tanto el Antiguo como el Nuevo Testamento, son inspiradas por Dios, infalibles, autoritativas y suficientes como regla de fe, conducta y doctrina. La Biblia no es solamente un libro de inspiración espiritual, sino la revelación escrita de Dios para guiar al creyente a la salvación, formar su carácter, corregir su vida y equiparlo para toda buena obra.Creemos que toda experiencia espiritual, enseñanza, profecía, manifestación, práctica ministerial y conducta cristiana debe ser examinada a la luz de la Palabra de Dios.(2 Timoteo 3:15-17; 1 Tesalonicenses 2:13; 2 Pedro 1:21; Salmo 119:105; Hebreos 4:12).
Creemos en un solo Dios verdadero, eterno, santo, soberano, creador de los cielos y la tierra, redentor de la humanidad y digno de toda adoración.Creemos que Dios se ha revelado eternamente en tres personas distintas: el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo. No creemos en tres dioses, sino en un solo Dios en esencia, gloria, poder y eternidad. El Padre es Dios, el Hijo es Dios y el Espíritu Santo es Dios; iguales en divinidad, unidos en naturaleza y distintos en persona y obra.Creemos en Dios el Padre, creador de los cielos y la tierra, eterno, santo, justo, misericordioso y lleno de amor. Él es Padre eterno en relación con el Hijo eterno, no porque el Hijo haya sido creado, sino porque el Hijo es eternamente de la misma esencia, gloria y divinidad del Padre.Creemos que Jesucristo, el Hijo de Dios, no fue creado ni tuvo principio, sino que es eterno, plenamente Dios y uno con el Padre. En su encarnación, fue concebido por el Espíritu Santo, nació de la virgen María, vivió sin pecado, hizo milagros, murió en la cruz por nuestros pecados, resucitó corporalmente al tercer día, ascendió al cielo y está sentado a la diestra del Padre. Creemos que Jesucristo es el único mediador entre Dios y los hombres, y que no hay salvación, perdón, reconciliación ni acceso al Padre fuera de Él.Creemos que el Espíritu Santo es Dios, la tercera persona de la Trinidad. Él convence al mundo de pecado, regenera al creyente, habita en los hijos de Dios, guía a toda verdad, santifica, consuela, capacita y reparte dones espirituales conforme a su voluntad. La vida cristiana no puede vivirse en nuestras propias fuerzas, sino por la presencia, dirección y poder del Espíritu Santo.Afirmamos la doctrina bíblica de la Trinidad y rechazamos toda enseñanza que niegue la distinción eterna entre el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo, o que niegue la plena divinidad, eternidad y personalidad de cualquiera de las tres personas divinas.(Deuteronomio 6:4; Mateo 1:23; Mateo 3:16-17; Mateo 28:19; Juan 1:1-14; Juan 3:16; Juan 10:30; Juan 14:6-17; Juan 16:7-14; Juan 17:5; Hechos 4:12; Romanos 8:9-17; 1 Corintios 12:4-11; 2 Corintios 13:14; Gálatas 5:16-25; Colosenses 1:15-17; 1 Timoteo 2:5; Hebreos 1:1-3).
Creemos que Jesucristo es el eterno Hijo de Dios, verdadero Dios y verdadero hombre. Fue concebido por el Espíritu Santo, nació de la virgen María, vivió sin pecado, hizo milagros, murió en la cruz por nuestros pecados, resucitó corporalmente al tercer día, ascendió al cielo y está sentado a la diestra del Padre.Creemos que Jesucristo es el único mediador entre Dios y los hombres. No hay salvación, perdón, reconciliación ni acceso al Padre fuera de Él. Su sacrificio en la cruz es suficiente, completo y perfecto para redimir al ser humano.(Mateo 1:23; Juan 14:6; Hechos 4:12; 1 Corintios 15:3-4; 2 Corintios 5:21; 1 Timoteo 2:5; Hebreos 1:3)
Creemos que el ser humano fue creado por Dios a su imagen y semejanza, con dignidad, propósito y capacidad de relación con su Creador. Sin embargo, por la transgresión voluntaria del hombre, el pecado entró en el mundo, trayendo separación espiritual, corrupción moral y muerte.Creemos que todo ser humano necesita la gracia salvadora de Dios y que nadie puede reconciliarse con Dios por sus propias obras, méritos o justicia personal.(Génesis 1:26-27; Génesis 3:1-7; Romanos 3:23; Romanos 5:12-19; Efesios 2:1-9).
Creemos que Dios es soberano, santo, justo y lleno de gracia. También creemos que el ser humano es responsable delante de Dios por su respuesta al evangelio.Afirmamos que la salvación nace en la gracia de Dios, es revelada en Cristo, aplicada por el Espíritu Santo y recibida por medio de la fe. Dios llama, convence, atrae y extiende su misericordia; el ser humano debe responder con arrepentimiento, fe y obediencia.Creemos que Dios no fuerza el amor ni produce una obediencia mecánica, sino que llama al ser humano a responder libremente a su gracia. Por eso predicamos el evangelio con urgencia, invitando a toda persona a venir a Cristo, arrepentirse y recibir vida eterna.(Deuteronomio 30:19; Josué 24:15; Juan 3:16; Juan 7:37; Hechos 17:30; Romanos 10:9-13; 1 Timoteo 2:4; 2 Pedro 3:9).
Creemos que la única esperanza de redención para el ser humano está en Jesucristo, el Hijo de Dios, por medio de su sangre derramada, su muerte sustitutoria en la cruz y su resurrección victoriosa. La salvación es por gracia, mediante la fe en Jesucristo, y no por obras humanas, méritos personales o justicia propia.Creemos que Dios llama, convence y atrae al pecador por medio del Espíritu Santo; y que el ser humano debe responder a ese llamado con arrepentimiento hacia Dios, fe en el Señor Jesucristo y entrega de corazón. Por la regeneración y renovación del Espíritu Santo, el creyente es lavado, justificado por gracia mediante la fe, hecho nueva criatura y constituido heredero de Dios conforme a la esperanza de la vida eterna.Creemos que la gracia de Dios no anula la responsabilidad humana. Dios ofrece vida, llama al arrepentimiento y extiende su gracia; el ser humano es responsable de responder con fe, rendición y obediencia. La salvación no es ganada por obras, pero sí produce una vida transformada que evidencia la obra de Dios en el corazón.La evidencia interna de la salvación es el testimonio directo del Espíritu Santo en el creyente. La evidencia externa delante de los demás es una vida de justicia, santidad verdadera, obediencia a Dios y fruto espiritual.(Lucas 24:47; Juan 3:3; Juan 3:16; Juan 6:44; Romanos 8:16; Romanos 10:9-15; Efesios 2:8-10; Efesios 4:24; Tito 2:11-12; Tito 3:5-7; 2 Pedro 3:9).
EL BAUTISMO EN AGUACreemos en el bautismo en agua por inmersión como una ordenanza bíblica para todo creyente que se ha arrepentido y ha puesto su fe en Jesucristo como Salvador y Señor.El bautismo no salva, pero es una declaración pública de fe, obediencia e identificación con la muerte, sepultura y resurrección de Cristo. Por medio del bautismo, el creyente testifica que ha muerto a su antigua vida y ha resucitado para caminar en vida nueva.(Mateo 28:19; Marcos 16:16; Hechos 2:38; Hechos 10:47-48; Romanos 6:4).LA SANTA CENACreemos en la Santa Cena como una ordenanza dada por el Señor Jesucristo a su Iglesia. El pan y el fruto de la vid representan el cuerpo y la sangre de Cristo, recordándonos su sacrificio, anunciando su muerte y afirmando nuestra esperanza en su regreso.Participamos de la Cena del Señor con reverencia, gratitud, examen personal y comunión con el cuerpo de Cristo.(Lucas 22:19-20; 1 Corintios 10:16-17; 1 Corintios 11:23-29).LA PRESENTACIÓN DE NIÑOSCreemos en la presentación de niños al Señor como una práctica bíblica y congregacional en la cual los padres, padrinos y la iglesia reconocen que los hijos pertenecen a Dios y se comprometen a criarlos en sus caminos.No practicamos el bautismo de infantes, porque entendemos que el bautismo bíblico es una respuesta consciente de arrepentimiento y fe en Jesucristo. Presentamos a los niños en oración, consagración y compromiso, creyendo que Dios los ama, los guarda y llama a cada generación a conocerle.(1 Samuel 1:27-28; Lucas 2:22; Marcos 10:13-16; Deuteronomio 6:6-7; Proverbios 22:6).EL BAUTISMO EN EL ESPÍRITU SANTOCreemos que todos los creyentes deben anhelar y buscar la plenitud, llenura y bautismo en el Espíritu Santo, conforme a la promesa del Padre y la enseñanza del Nuevo Testamento. Esta experiencia capacita al creyente con poder para vivir en santidad, testificar de Cristo, servir con denuedo y participar en la obra del Reino.Creemos que hablar en otras lenguas es una manifestación bíblica importante y una señal principal asociada al bautismo en el Espíritu Santo, como vemos en el libro de los Hechos. Sin embargo, no creemos que sea la única evidencia de una vida llena del Espíritu. La plenitud del Espíritu también se manifiesta en poder para testificar, amor por Cristo, reverencia hacia Dios, hambre por la Palabra, santidad, fruto espiritual, obediencia, dones espirituales y pasión por los perdidos.Animamos a todo creyente a buscar los dones del Espíritu con humildad, orden, amor y sujeción a la Palabra de Dios.(Lucas 24:49; Hechos 1:4-8; Hechos 2:1-4; Hechos 10:44-46; Hechos 19:1-6; 1 Corintios 12:4-11; 1 Corintios 14:1-40; Gálatas 5:22-23).LA ADORACIÓN Y LA ALABANZACreemos que fuimos creados para adorar a Dios en espíritu y en verdad. La adoración pertenece solamente a Dios y debe nacer de un corazón rendido, reverente y obediente.Creemos que la alabanza bíblica es una expresión viva, reverente y gozosa que puede incluir canto, oración, acción de gracias, música, manos levantadas, postración, danza, aclamación y otras expresiones bíblicas que exaltan a Dios y edifican a la iglesia.Creemos que la alabanza no es entretenimiento ni emocionalismo vacío, sino una respuesta de fe, gratitud, reverencia y obediencia a la grandeza de Dios.(Juan 4:23-24; Salmo 95:1-6; Salmo 100:1-5; Salmo 150:1-6; Hebreos 13:15).EL SUSTENTO DE LA OBRA: DIEZMOS Y OFRENDASCreemos que el sustento de la obra de Dios es una responsabilidad espiritual de los creyentes y una expresión de adoración, obediencia, gratitud, pacto y mayordomía.Creemos en la práctica bíblica de los diezmos y las ofrendas como una manera de honrar a Dios con nuestros recursos, sostener la obra ministerial, cuidar la casa de Dios, apoyar la predicación del evangelio y servir a la comunidad.Jesús mismo, al hablar de los diezmos, no los descartó, sino que corrigió la hipocresía religiosa de quienes diezmaban mientras descuidaban la justicia, la misericordia y la fe. Por eso creemos que el diezmo y la ofrenda deben practicarse no como legalismo vacío, sino con un corazón justo, generoso, alegre y rendido a Dios.Referencias bíblicas: Malaquías 3:10; Mateo 23:23; Lucas 11:42; 1 Corintios 9:13-14; 2 Corintios 9:6-8; Proverbios 3:9-10.
Creemos que los dones del Espíritu Santo continúan vigentes para la edificación de la Iglesia, la confirmación del evangelio y el ministerio al pueblo de Dios. Creemos en las manifestaciones bíblicas del Espíritu Santo, incluyendo palabra de sabiduría, palabra de ciencia, fe, dones de sanidades, milagros, profecía, discernimiento de espíritus, diversos géneros de lenguas e interpretación de lenguas.Creemos que toda manifestación espiritual debe glorificar a Cristo, edificar a la Iglesia, producir fruto santo y estar en armonía con la Palabra de Dios.(Marcos 16:17-20; Hechos 2:17-18; Romanos 12:6-8; 1 Corintios 12:4-11; 1 Corintios 14:26; 1 Tesalonicenses 5:19-21).
Creemos que todo creyente es llamado a vivir una vida de santidad, separación del pecado y dedicación a Dios. La santificación es obra del Espíritu Santo en nosotros y también una respuesta diaria de obediencia, rendición y disciplina espiritual.Creemos que la gracia de Dios no es permiso para vivir en pecado, sino poder para vivir una vida transformada.(Romanos 12:1-2; 1 Tesalonicenses 5:23; Hebreos 12:14; 1 Pedro 1:15-16; Gálatas 2:20).
Creemos que la Iglesia es el cuerpo de Cristo, la morada de Dios por el Espíritu Santo y el instrumento de Dios para anunciar el evangelio, hacer discípulos, adorar al Padre, equipar a los santos y servir a la comunidad con amor y compasión.Como Iglesia Fe Sin Límite, afirmamos nuestro llamado a ser una iglesia sanadora, alabadora, equipadora y activadora, alcanzando a todas las generaciones con el amor de Cristo.(Mateo 28:18-20; Hechos 2:42-47; Efesios 1:22-23; Efesios 4:11-16; Hebreos 10:24-25).
Un ministerio divinamente llamado y ordenado según las escrituras ha sido provisto por nuestro Señor con el propósito cuádruple de guiar a la Iglesia en: (1) la evangelización del mundo (Marcos 16:15-20), (2) la adoración de Dios (Juan 4:23,24), (3) la edificación de un Cuerpo de santos perfeccionados a la imagen de Su Hijo (Efesios 4:11,16), y (4) satisfacer las necesidades humanas con ministerios de amor y compasión (Salmos 112:9; Gálatas 2:10; 6:10; Santiago 1:27).
Creemos que Jesucristo sana, liberta y obra milagros conforme a su voluntad, su compasión y su poder. La sanidad divina es parte del testimonio del evangelio y una expresión del Reino de Dios.Creemos que la iglesia debe orar por los enfermos con fe, imponer manos, ungir con aceite cuando sea apropiado y confiar en la autoridad de Cristo. También creemos que Dios puede obrar por medios sobrenaturales, procesos, sabiduría médica y acompañamiento pastoral. Nuestra confianza final está en la bondad, soberanía y poder de Dios.(Isaías 53:4-5; Mateo 8:16-17; Marcos 16:18; Hechos 10:38; Santiago 5:14-16).
La resurrección de aquellos que han dormido en Cristo y su traslación junto con aquellos que están vivos y permanecen hasta la venida del Señor es la inminente y bendita esperanza del futuro de la Iglesia (1 Tesalonicenses 4:16,17; Romanos 8:23; Tito 2:13; 1 Corintios 15:51,52).
Habrá un juicio final en el cual los muertos impíos serán resucitados y juzgados según sus obras. Cualquiera que no se halle escrito en el Libro de la Vida, junto con el diablo y sus ángeles, la bestia y el falso profeta, serán consignados a un castigo eterno en el lago que arde con fuego y azufre, que es la muerte segunda (Mateo 25:46; Marcos 9:43-48; Apocalipsis 19:20; 20:11-15; 21:8).
La segunda venida de Cristo incluye el levantamiento de los santos, que es nuestra bendita esperanza del futuro, seguido por el retorno visible de Cristo con sus santos para reinar en la tierra durante mil años (Zacarías 14:5; Mateo 24:27,30; Apocalipsis 1:7; 19:11-14; 20:1-6). Este reinado milenario traerá la salvación de Israel nacional (Ezequiel 37:21,22; Sofonías 3:19,20;
"Nosotros, según su promesa, esperamos cielos nuevos y tierra nueva, en los cuales mora la justicia" (2 Pedro 3:13; Apocalipsis 21,22).
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